Cortoplacistas

| el 25 de noviembre de 2007 | los lectores han hecho 0 aportes »

En nuestra primera encuesta realizada, lamentablemente por una cuestión de falta de propagación de nuestro recién nacido blog, los resultados salieron sesgadísimos. Tendríamos que encuestar a un equipo de rugby y de todos modos nos seguiría quedando chica la muestra. Pero, aún así, nadie nos va a sacar la emoción de arriesgar alguna conclusión.

La cuestión era: ¿maximizar utilidad o romper restricciones? Claramente, el hecho de romper restricciones denota un tinte de muy corto plazo, mientras que si se quiere, maximizar utilidad se podría relacionar con un agente racional. Las otras dos opciones agregadas a la lista eran de índole un poco más pesimista(o realista), éstas eran: Siempre me quedo en el “second best”, y “no soy racional”.

Los resultados: 50% votó por romper restricciones. Primera conclusión apresurada: no descuentan mucho que digamos el futuro, y quieren satisfacción de manera urgente. ¿Qué motivos tienen para comportarse de tal manera? El ser emotivo le gana al cognitivo culpa de.... ¿de qué? Hay un par de hipótesis dando vueltas: consumismo y marketing, necesidad de aceptación social, codicia, etcétera.

A todos nos ha pasado en algún momento, sobre todo con la billetera. ¿Quién no ha tenido una discusión consigo mismo? Ejemplo: Nos estamos quedando cortos de efectivo, y queremos adquirir el bien X. Pero mañana tendríamos que estar comprando el bien Y (podemos agregar el hecho de que el bien X es superfluo, y el bien Y es un bien necesario). Si gana la discusión el bien X, tenemos un resultado: satisfacción en el corto plazo, y arrepentimiento para mañana. Si la discusión esquizofrénica deriva en esperar y mañana comprar el bien Y, tenemos un sentimiento de victoria al otro día, pero pasaremos un mal rato mientras nos tragamos el deseo del bien X.

Más allá de las X y las Y, osadamente podríamos decir que el concepto de racionalidad es relativo a cada uno.
Ahí les va otro ejemplo: hay quienes realizan una compra codiciosa, de gran valor y aparentemente carente de sentido, el primer día hábil del mes, con el cheque (o el bien de cambio que gusten imaginarse) aún fresquito, y el resto del mes viven a fideos, arroz y pan (si quieren agravar la situación, esta persona tiene una familia que mantener).
¿Es éste individuo irracional? A primera vista, me insita a decirle, como diría Homero: “¡pero qué idiota!”. Pero analizando mejor el asunto (o sea más profunda y objetivamente), vemos que esta persona tiene una función de utilidad en la que pondera el presente y el consumo de ciertos bienes de de manera abismal, o en otras palabras, prefiere pan para hoy y hambre para mañana.

De todos modos, volveremos a realizar la encuesta más adelante, y veremos si al aumentar el tamaño de la muestra nos arroja distintos resultados, y por ende, distintas conclusiones.

Hasta la vista.
Él, con el permiso de ella.

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