¿Cómo explicarle a los niños la realidad argenta?

| el 3 de agosto de 2008 | los lectores han hecho 2 aportes »

Había una vez una tierra lejana de los principales centros financieros, en la que vivía gente muy muuy particular. No se sabe bien cuántos eran, ni cuánto producían, ni cuánto pagaban su comida porque existía en ese lugar un ilusionista, que mágicamente modificaba los datos oficiales. Nadie le creía mucho, porque varios habían descubierto sus trucos y ya la cosa perdía gracia.

Para no perder la atención de los habitantes, o para alejarla de esas cuestiones, apareció un payaso que montó un circo. Para sus funciones contrataba a los personajes más desopilantes que giraban por ahí. Únicos, irrepetibles, incomparables. Desde el clan de las mujercitas sin cabeza, hasta un ogro viejito parlanchín, pasando por la enanita reidora y las niñas plastificadas. Los espectadores, en parte atónitos y en parte anestesiados, se embobaban con sus shows, aplaudían y pedían vis! Un grupo de notables, al observar desde lo lejos este increíble éxito decidieron unirse al payaso y juntos organizaron la extensión permanente de los shows. Si si, permanente! Sin cortes, pero sí con comerciales, se podía gozar del extra-ordinario espectáculo a la hora que se lo desee.

En lo alto de la montaña residía la bruja con bastón, amante del poder y de tener la razón. Intentaba día a día perfeccionar su técnica, coordinar a sus secuaces y cuidar su imagen; sin embargo sus pociones varias veces resultaban poco efectivas. No sabía si era culpa de las dosis que usaba, de las panzas de sapos, los granos de soja o los ojos de pingûino. Confundida, pero conciente de que no podía seguir con las equivocaciones un día comenzó a dar explicaciones en su característico y desvariado tono de voz.

Mientras tanto, en las calles di-vagueaban los más pequeños, que querían ser parte de la comunidad y sabían que para eso debían tener una personalidad que los distinga. Entre tanta calamidad algunos decidieron llorar, otros prefirieron mostrarse mediante fotos, otros tantos eran fanáticos del principito azul que jugaba al fútbol, unos cuantos se enchufaron a la compu y otros... paseaban entre los pastos verdes de las plaza...


De esta extraña manera, ellos acostumbraban vivir.

Lejos de llegar a su fin, esta historia recién comienza...




~ella


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2 aportes

  1. Robinson // 3 de agosto de 2008 21:37  

    venga, ella... que no es culpa de tinelli.

  2. Ella // 4 de agosto de 2008 02:21  

    culpa?
    yo no lo culpé de nada!

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